Juan Clemente Zenea, nació en Bayamo, Oriente, el 24 de febrero de 1832 y murió en La Habana, el 25 de agosto de1871. Era hijo de un teniente español y de una hermana del poeta cubano José Fornaris.
Cursó las primeras letras en una escuela privada de su ciudad natal. En 1845 pasó a La Habana, donde ingresó en el colegio El Salvador, de José de la Luz y Caballero, aunque la mayor parte de su formación la adquirió por sí mismo.
En 1846 publicó sus primeros poemas en La Prensa, periódico habanero del que llegó a ser redactor en 1849. Un folletín suyo aparecido en esta publicación durante una semana santa hubiera provocado que el Obispado lo excomulgara, de no mediar su padre, quien publicó una carta de detractación que le hizo firmar. De esta época datan sus relaciones amorosas con Adah Menken, poetisa y actriz llegada a La Habana con una compañía de Nueva Orleans, que le ayudó a perfeccionar sus conocimientos de inglés y francés.
Fidelia 
¡Bien me acuerdo! ¡Hace diez años,
y era una tarde serena!
¡Yo era joven y entusiasta;
pura, hermosa y virgen ella!
Estábamos en un bosque,
sentados sobre una piedra,
mirando a orillas de un río
cómo temblaban las hierbas.
¡Yo no soy el que era entonces,
corazón en primavera,
llama que sube a los cielos,
alma sin culpas ni penas!
¡Tú tampoco eres la misma,
no eres ya la que tú eras;
los destinos han cambiado,
yo estoy triste y tú estás muerta!
La hablé al oído en secreto,
y ella inclinó la cabeza;
rompió a llorar como un niño,
y yo amé por vez primera.
Nos juramos fe constante,
dulce gozo y paz eterna,
y llevar al otro mundo
un amor y una creencia.
Tomamos ¡ay! por testigos
de esta entrevista suprema,
unas aguas que se agotan
y unas plantas que se secan;
nubes que pasan fugaces,
auras que rápidas vuelan,
la música de las hojas
y el perfume de las selvas....
...¡Yo no tuve ángel de guarda
para colmo de penas,
desde aquel mismo momento
está en eclipse mi estrella;
que en un estrado, una noche,
al grato son de la orquesta
yo no sé por qué motivo
se enlutaron mis ideas;
sentí un dolor misterioso,
torné los ojos a ella,
presentí lo veniero:
me vi triste y la vi muerta! ...
...¡Y tus ojos se han cerrado!
¡Y llegó tu noche eterna!,
¡y he venido a acompañarte,
y ya estás bajo la tierra!..
¡Bien me acuerdo! Hace diez años
de aquella santa promesa,
y hoy vengo a cumplir mis votos,
y a verte por vez postrera.
Ya he sabido lo pasado...
supe tu amor y tus penas,
y hay una voz que me dice
que en tu alma inmortal me llevas.
Mas... lo pasado fue gloria;
pero el presente, Fidelia,
el presente es un martirio,
¡yo estoy triste y tú estás muerta!
Siendo él muy joven, comienzan amoríos con la actriz. bailarina y poetisa norteamericana Adah Menken, que llegó a la Habana en un viaje artístico. Esta actriz le enseñó inglés y francés. Más tarde él mismo se fue a Nueva Orleáns, en donde continuó sus relaciones con la dicha actriz. A ella le dedicó uno de sus mejores poemas, forma de romance, titulado Fidelia. Muy pronto se afilió a dos organizaciones que querían la independencia de la Isla del imperio español y que buscaban una posible anexión a los Estados Unidos.
Estuvo en Nueva York varias veces. También en México. En ambos países escribió infatigablemente para un sinnúmero de periódicos y revistas. Su situación política y nacionalista, lo puso en situaciones delicadas. Tanto es así que, vuelto a La Habana, cuando en 1870 quiso regresar a Estados Unidos, fue interceptado por una columna española y puesto en la cárcel. Después de medio año de encarcelado en la fortaleza de La Cabaña, La Habana, fue fusilado.
RETORNO
Yo andaba suspirando, lloroso y vagabundo
en pos de una esperanza difícil de alcanzar,
soñando con un cielo, viviendo en otro mundo,
cual viven en los aires los pájaros del mar.
Pensé cuánto era bello querer y ser querido,
y al lado de una hermosa cantar y sonreír,
en gratas confidencias hablarnos al oído,
un beso y otro beso temblando repetir.
Soñé tener un seno que en horas de fatiga
templase de mis sienes el incesante ardor,
tener entre mis manos la mano de una amiga,
ser dueño del perfume que brota de una flor.
Ansié pulsar el arpa, y en emoción secreta
decir en suaves notas las penas que sufrí,
cantar como cantaba sus salmos el poeta
al pie de un sícomoro del árido Engadí.
Al fin hallé en tus ojos la luz que ambicionaba,
relámpagos de vida, centellas de placer,
la miel que en unos labios un ángel me guardaba
la encarnación de un sueño, la voz de una mujer.
Tú fuiste, en tal momento, mi pálida y modesta
estrella que asomaba detrás de un nubarrón;
de un lago de aguas limpias, en la ribera opuesta,
en medio de los bosques, campestre habitación.
Y debate la dicha de haberte hallado el día
en que la tierra patria torné contento a hollar,
cuando a la vez juzgaba que nadie me quería
y traje enferma el alma de allende de la mar.
Transcurren desde entonces mis horas tan serenas
que a mi versátil suerte le pido por favor
conserve el santo fuego que corre entre mis venas,
que aliente y eternice tu bendecido amor!
Un amigo me sugirio este poeta asi que ahi va,Juan Clemente Zenea, cubano, natural de Bayamo, huérfano de madre desde muy pequeño. Su padre se vio forzado a regresar a España cuando aun el futuro poeta era muy joven. A los trece años , Zenea se traslada a La Habana. Su talento literario pronto le abre caminos en el periodismoes perseguido por razones políticas, y en varias ocasiones sufre destierro en Estados Unidos. Sirviendo de mediador pacífico entre el gobierno y los patriotas, es injustamente fusilado por el gobierno español.
AUSENCIA
Desde el instante que nubló la ausencia 
el luminoso sol de tu hermosura,
está mi triste corazón enfermo,
rota mi lira y mi garganta muda.
¡Ay! ¡Cuántas horas al presente corren
en el imperio de la noche adusta,
sin que alumbre tu mano entre la mía
el rayo amarillento de la Luna!
¡Cuántas veces, Fidelia encantadora,
trémula y vacilante y sin ventura,
hablabas a mi lado enternecida
de un beso, de un suspiro y de una tumba!
Grato el recuerdo de tu amor constante
por mi memoria solitaria cruza,
como en las tardes por desiertas playas
la gaviota cansada y vagabunda.
¡Pobre de ti que en el dolor naciste
bajo el cielo poético de Cuba,
tímida como el ave de los bosques,
bella como la flor de las lagunas!
Jamás infiel a tu promesa un día,
mis sueños de tristeza y de ventura
cambiar pudiste mentirosa y falsa
por negro afán y puzadora duda.
Siempre tú fuiste igual, siempre constante;
pródiga en tu cariño y tu ternura,
cuidaste no turbar la paz de un alma
a quien la ofensa más ligera turba.
Lamentaciones de dolor me inspira
hender la mar de mi existencia oscura
sin que me esperes en la orilla opuesta
y a otro mundo más bello me conduzcas.
Dos aves detenidas en un ramo,
cantando glorias y caricias mutuas,
al áspero silbido de las balas
nos fue preciso comenzar la fuga.
¡Mas yo te adoro; el corazón ardiente
tu imagen guarda en su interior oculta,
y está mi pecho con tu ausencia opreso,
rota mi lira y mi garganta muda!