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Saturday, April 14, 2012

La noche y tu mirada, Salvador Pliego



Perenne, eterna, inquieta,
como libélula diamantina,
como estero entre los brazos y en la mano.
Eres el centelleo de la noche,
la frágil luna inamovible,
el destello acumulado,
la rotunda mirada de los astros.
En ti recorren los vientos su gemido.
En ti se apagan los dolidos ruidos,
se vuelcan uno a uno hasta quedar silentes.
¡Ah!, la noche misma en tu mirada,
en tu pupila abierta hacia la vida.
Y la obscura cúpula del orbe
mirándote a la cara,
como yo te miro, allá en la lejanía.

Thursday, April 12, 2012

Murmura el mar, Salvador Pliego

Murmura el mar…
Eco y resonancia de una gota cristalina.
Murmura el mar…
Y me hinco entonces en su arena.
¿Me entiendes? -Le platico.
Te hablo de ella…
Bajo tu azul mirada sus ojos cristalinos reverberan.
Te hablo de ella…
En la profundidad su boca.
En la distancia su silueta inquieta.
Y el horizonte que se acerca cuando siento que me toca.
¿Me entiendes si te digo que mi boca saborea?
Mar, ¡qué hermosa es ella!
Pálida, en tu cuesta, una ostra
de coral se viste, se descubre y se recuesta,
y a lo lejos, con la bruma,
su aperlada orilla a mí me mira…
¿Qué dirá de mí?
En la arena, de hinojos, platicándote de ella…
¿Tú me entiendes que su rostro
es vitral de tu marea?
¿Que sus ojos son tu lejanía
y se dibujan resguardándose
en tu abultada cabellera?
Mar, ¡qué linda es ella!
Hay gotas que en la orilla,
tan sólo por sentirlas,
volatizan y sonrojan
y en sus labios se extasían.
Te platico que sus besos…
Mar, ¡hay besos como ella!
¿Tú me entiendes?
Murmura el mar…
Y me hinco ante su arena.

Saturday, November 13, 2010

Lo que entiendo, Salvador Pliego


Ensortijados como una red amplia de soles y corales,
anidan ahí, en la inmensidad, tus ojos desvestidos y profundos.
Entras a mi corazón y no sé cuánto es que te quiero.
Pero sales cual siseo: vasta e infinita.
¡Ah! … Dilatado en ti, me pronuncio:
Mi alma, perdida como un pájaro, busca y encuentra en ti
lo que el horizonte oscureciendo,
lo que la tarde pinta para encubrirse con la noche…
¡Y no sé cuánto es que te quiero!
Habito en tu corazón y habitas tú el mío.
Busca mi alma el consuelo y me enredo y al amor lo quiero.
Y tu boca se abre y vuelve a mis veneros.
Como las rutas que partieron, parto a ti
y ahí te encuentro, y luego arraigas el amor
y sé que a ti te quiero.
Mi corazón se arrulla y alza el vuelo y se protege desde el cielo,
y en la navegación distante, estibo y me anclo en tu pecho.
Y las bocas se abren cuando se abre el viento.
Y los labios silban degollando al tiempo.
¡Yo sé que a ti te quiero!
Cohabito entre los aires para amarte en tus linderos.
Pizco y luego entierro los secretos de tus ojos
y los dejo describiendo y murmurando tus deseos.
Si el mar al mar buscara… serías su consuelo.
Y te amo sin medida.
¡Y ni así sé cuánto más te quiero!
Basta saberme tuyo, y eso entiendo.
El mar abre tus ojos. La noche aluza y canta.
Allá, a lo lejos, la sal derrama el agua y baila.
Y es todo lo que entiendo.
Te amo sin medida.
¡Y es todo lo que entiendo!
El mar me abraza y calla,
y vuelvo a tus secretos y exclamo que te quiero.
El sol tus ojos dulces los mira y encandila.
La mar salpica un beso y lo entierra mar adentro.
Acá la melodía. Allá la lozanía.
Recitan las campanas. Corean sube y bajas.
Replican las montañas verdores en la orilla.
Y tú, entre las olas, te vuelves sinfonía.
¡Y es todo lo que entiendo!

Friday, November 5, 2010

Te quiero, Salvador Pliego


Hoy, bueno, tal vez el viento,
tal vez la nada adornada de un “te quiero”,
quizá fue el despertar cargado de ti en mi perchero,
los remolinos que encontré en mi cabello,
una taza de azúcar con sabor a cielo,
como sea y siempre las miles de veces
que te he dicho que te quiero
y el esperar sentado mirando rascacielos.
Pero hoy, bueno, tal vez el viento,
¿alguna vez te dije lo indispensable que te has vuelto?,
¿que me cala, como a nadie, ese silencio al despertarme
si tu nombre no amanece en mi bolsillo y se aparece?,
¿que me encienden las cobijas por sólo no atraparte?
Y bueno, hoy, tal vez el viento.
Esa necesidad de agua y no de un vaso, ni de lluvia,
sino de un labio que se arrima.
Esa terquedad de aire que exhala y es a ti a quien respira.
Ese bombear de sangre de tu pecho que me anima.
Esa testarudez de mi alma que te envidia.
Pero, bueno,
¿te dije hoy lo indispensable que te has vuelto?
Tal vez el viento… Y un mucho de un te quiero.

Thursday, October 7, 2010

Si un beso le pidiera, Salvador Pliego

Me preguntaba si pudiera,
si pudiera yo pedirle,
digo, usted con su elegancia
y yo con mi franqueza,
preguntarle algo que no alterase
en lo absoluto su belleza
o trastornase un poco
la fineza que destella,
y pudiera darle un beso
en esos labios que embelesan.

Un beso que sintiera
una vela navegando,
una marea entrecruzando,
la brisa en popa desbordando,
del azul revoloteando
y sus ojitos ventilando.

Me pregunto si quisiera
un día hacerme su albacea,
y no testamentaria,
sino en vida heredarla,
a usted con esos labios,
a usted con esas manos,
y le pidiera, y le rogara,
y ese beso me aceptara,
y sólo respondiera
su carita sonrojada.

Me pregunto si de nuevo,
digo, me pregunto nuevamente:
usted con su dulzura
y yo con mi llaneza,
¿aceptaría un día
mi mano en su cintura
y llevarla por la orilla
descubriéndose perdida?
¿Y ya perdida, abrazarla
y besarla y extasiarme por quererla?

¿Me pregunto si quisiera
ver la noche y no la luna,
recostarla en una estrella,
de un cometa constelarla,
y bajarla aquí en mis brazos
donde sólo le arrullara?

Me pregunto aquí en mi mente,
digo, en mi mente al acercarme:
¿es de usted el iris
que alumbró tan de repente?;
¿es de usted el rostro
que en mis sueños se desprende?;
¿es de usted el labio
que me tienta a merecerle?
Me pregunto si quisiera.
Me pregunto si lo hiciera.
Y usted… Y usted…

Y usted, ¿qué respondiera?